Mujeres que protegen los océanos – Parte II: La nueva ola
- Jana Gombošová

- 15 dic 2025
- 14 Min. de lectura
El océano está cambiando más rápido que nunca y, junto con él, también cambia el mundo de las mujeres que trabajan en él. Mientras que las pioneras del siglo pasado tuvieron que abrirse paso en instituciones científicas y en el mundo del buceo, la generación actual continúa su legado de una manera nueva. Ya no entran al agua como excepciones, sino como expertas, investigadoras, activistas y líderes que forman una parte inseparable de la ciencia marina y de la conservación.
Las mujeres del océano de hoy cartografían las migraciones de especies amenazadas, construyen plataformas de datos con alcance global, trabajan con comunidades, educan a las generaciones más jóvenes, desmontan mitos y transforman el debate público sobre los tiburones. Su labor es diversa: desde aldeas portuarias y destinos turísticos hasta regiones remotas; desde laboratorios académicos hasta campañas internacionales. Sin embargo, las une lo mismo que a las mujeres que las precedieron: curiosidad, rigor profesional y la determinación de proteger a los tiburones y a los ecosistemas azules que sostienen la vida en todo el planeta. Aquí presentamos a algunas de ellas...
Dr. Christine Ward-Paige: Los datos al servicio del océano
Christine Ward-Paige es una de las figuras más importantes de la ecología marina moderna: una mujer que ha demostrado que para proteger el océano no siempre necesitamos aletas y tanques de aire, sino a menudo datos y la capacidad de ver conexiones donde otros las pasan por alto. Es la fundadora del proyecto eOceans, una base de datos global que recopila observaciones de buceadores, científicos y exploradores ciudadanos y las transforma en análisis científicos del estado de los ecosistemas marinos. Bajo su liderazgo, se han creado algunos de los conjuntos de datos más extensos sobre la disminución de las poblaciones de tiburones en décadas; resultados que se han publicado en revistas científicas de prestigio y se han utilizado para fundamentar políticas de conservación en todo el mundo.
Ward-Paige cuenta con una larga trayectoria en la evaluación de los impactos de la pesca, los cambios en la distribución de las especies y la identificación de zonas de riesgo donde los tiburones se encuentran bajo mayor presión. Su investigación también está vinculada a proyectos en las Bahamas, donde ha colaborado con equipos de campo, incluyendo investigadores afiliados al Laboratorio de Tiburones de Bimini, y ha ayudado a conectar las observaciones de campo con las tendencias a gran escala.
Lo que hace especial a Ward-Paige es su capacidad para conectar el mundo de las publicaciones científicas con el mundo de las comunidades, precisamente aquellas que acceden al océano a diario y generan una enorme cantidad de datos que, sin embargo, se pierden sin un procesamiento sistemático. Bajo su liderazgo, eOceans ha recopilado millones de puntos de datos de más de cien países, gracias a los cuales se han creado mapas claros que muestran dónde desaparecen los tiburones, dónde regresan y cómo están cambiando sus patrones de comportamiento. Es coautora de numerosos estudios que han analizado tendencias a largo plazo, desde el declive de las especies costeras hasta los impactos del cambio climático en las rutas migratorias.
En entrevistas, enfatiza repetidamente que la protección del océano solo es posible cuando las decisiones se basan en datos precisos y cuando estos datos son accesibles para personas fuera del ámbito académico. Su trabajo demuestra que, incluso si no se ven tiburones en cada inmersión, se puede protegerlos ayudando a construir una imagen precisa de lo que realmente sucede en el océano.
Jasmin Graham: Diversidad en la ciencia = ideas más diversas
Jasmin Graham es una de las figuras más destacadas de la ecología contemporánea de tiburones. Se ha especializado en la ecología espacial y del comportamiento de especies costeras en peligro crítico de extinción dentro de los programas de Pesca de la NOAA y del Laboratorio Marino Mote. Su investigación incluye el análisis de la migración, la identificación de sitios costeros y estuarinos importantes, y el monitoreo de áreas reproductivas, áreas esenciales para la supervivencia de esta especie. Sus estudios combinan una metodología precisa, basada en la telemetría (recopilación y transmisión remota de datos) y el monitoreo a largo plazo, con una sensibilidad a las conexiones entre la conservación de especies y el estado de los ecosistemas costeros.
Graham es una científica que no escribe sobre el océano desde su escritorio: el terreno y los datos son su realidad diaria. Sus resultados profesionales son utilizados actualmente por las agencias de conservación estadounidenses para la creación de regulaciones en áreas donde residen y se reproducen especies en peligro de extinción.
Tan significativo como sus contribuciones científicas es su impacto en la propia comunidad científica. En 2020, cofundó MISS (Minorías en Ciencias de los Tiburones), una organización creada con un objetivo claro: eliminar las barreras que impedían a las mujeres y a las minorías acceder a la ciencia de los tiburones. MISS se ha convertido en un fenómeno único: ofrece cursos de campo, becas, mentoría, prácticas y oportunidades de investigación para jóvenes científicos de todo el mundo. Tres años después de su creación, ya contaba con cientos de miembros y colaboraciones con importantes instituciones científicas.
Jasmin fue incluida en la lista Forbes "30 menores de 30 en la ciencia", aparece regularmente en medios como BBC Earth, NPR y Oceanographic Magazine, y con su voz nos recuerda que la diversidad en la ciencia genera ideas más diversas, y el océano las necesita desesperadamente. De este modo, su trabajo protege no solo a las especies en peligro de extinción, sino también el acceso a la ciencia para generaciones que aún no han visto a nadie como ella entre los tiburones.
Julie Andersen: De las corporaciones a la protección de los depredadores marinos
Julie Andersen comenzó en un mundo completamente diferente: dirigió una exitosa agencia de marketing en Chicago durante más de catorce años, trabajando con marcas como Porsche y Citibank. Empezó a bucear a mediados de los 90, pero su gran éxito llegó en 2007, cuando conoció al director Rob Stewart y vio la magnitud de la industria de las aletas de tiburón a través de su película Sharkwater. Poco después, vendió su negocio, coche y casa y se mudó a Sudáfrica para dedicarse por completo a la conservación de los tiburones. Ese mismo año, fundó la organización sin ánimo de lucro Shark Angels, que desde sus inicios se basó en un principio simple: si queremos salvar a los tiburones, primero debemos cambiar nuestra forma de pensar sobre ellos.
Andersen se convirtió en la imagen de campañas en las que nadó con tiburones junto a otros conservacionistas para refutar la idea de los "asesinos" y mostrarlos como guardianes clave de los ecosistemas marinos. Junto a Shark Angels, ha trabajado para Shark Savers y United Conservationists, donde se ha convertido en un rostro destacado de campañas como FinFree, que busca prohibir el comercio de aletas de tiburón. Su trabajo la ha llevado a más de veinte países, documentando el comercio ilegal, trabajando con los medios de comunicación y utilizando su experiencia en marketing para beneficiar al océano.
Bajo el liderazgo de Andersen, Shark Angels se ha convertido en un movimiento global que combina educación, medios de comunicación y activismo comunitario. La organización se centra en transformar el miedo en fascinación y, posteriormente, en acciones concretas, desde programas escolares hasta campañas comunitarias y la promoción de cambios legislativos. Los materiales oficiales de Shark Angels afirman que han participado en iniciativas que han llegado a cientos de millones de personas con la prohibición del aleteo y el comercio de aletas, y han proporcionado miles de horas de educación ambiental gratuita a niños y jóvenes.
Andersen ha aparecido en CNN, Discovery Channel, Animal Planet y Nat Geo Wild, fue reconocida como Héroe Marino por la revista Scuba Diving y ha colaborado en películas, incluido el documental Sharkwater Extinction, que ayudó a completar y presentar al público tras la muerte de Stewart.
A menudo afirma en entrevistas que su objetivo no es solo proteger a los tiburones, sino también mostrar a la gente que sus propias decisiones, desde lo que comen hasta la presión que ejercen sobre los políticos, pueden ser parte de la solución. Su historia es una prueba de que incluso una persona de una industria "no marina" puede cambiar el rumbo de su vida y convertirse en una de las figuras clave en la conservación mundial de los tiburones.
Lucia Baranová: Protección en armonía con la comunidad
Lucía Baranová forma parte de una nueva generación de conservacionistas de tiburones que conectan la ciencia, el campo y la comunidad. Aunque es originaria de Eslovaquia, dejó su hogar a muy temprana edad para estar más cerca del océano. Comenzó a trabajar como instructora de buceo en Indonesia y Australia. Sin embargo, rápidamente se integró en la comunidad de conservación del océano y los tiburones. Trabajó en varias organizaciones, pero finalmente su insatisfacción con su forma de trabajar la inspiró a emprender su propio proyecto.
Tras años de fotografía submarina, documental y trabajo de conservación, fundó la organización Blue Religion en México en 2019. El pilar principal es el proyecto AMOARA, un proyecto de investigación a largo plazo sobre tiburones en el estado de Nayarit, en colaboración con SIRBAA Consultancy y la Universidad Autónoma de Sinaloa. La investigación se centra en los tiburones que terminan en las redes de los pescadores locales.
Una de las principales prioridades del proyecto AMOARA es trabajar con la infancia local. Reciben formación y colaboran en la recopilación de datos de las capturas de los pescadores locales. Aprenden a identificar la especie, determinar el sexo y si se trata de un ejemplar juvenil o adulto. Anotan todo con honestidad y los datos se envían a los científicos. A partir de sus mediciones, identificación y datos biológicos, se crea una base de datos completa que ayuda a determinar la composición de las especies, la estacionalidad de su presencia y las posibles zonas de cría, lugares sensibles donde se encuentran los ejemplares juveniles. Estas áreas son cruciales para la protección de los tiburones. Por lo tanto, uno de los principales objetivos de Baranova es lograr cambios legislativos para protegerlas.

Lucía trabaja en la intersección de dos mundos: el académico y el comunitario. Por un lado, la metodología científica; por otro, la realidad cotidiana de las pequeñas comunidades pesqueras, donde los tiburones pasan por sus manos con más frecuencia que los científicos. Lucía lleva educación, procedimientos sistemáticos de datos y trabajo con estudiantes que aprenden métodos científicos precisos sobre el terreno a las aldeas portuarias.
AMOARA no es solo un proyecto de investigación; es una plataforma que construye una generación de jóvenes capaces de comprender y proteger el océano. Lucía demuestra que, incluso fuera de los grandes laboratorios, se puede generar investigación con un impacto real en las poblaciones de tiburones, el futuro del océano y las comunidades locales. Tras tres años de trabajo en este ámbito, observaron que, durante el período de veda de la pesca de tiburones (período científico), las familias cuyos hijos trabajan con Blue Religion dejaron de pescar tiburones. Además, Lucía trabaja intensamente para garantizar fuentes de sustento alternativas para los pescadores locales, como el ecoturismo y las granjas de ostras.
Anna Oposa: Trabajo basado en el diálogo
Anna Oposa creció en un país donde el océano forma parte de la vida cotidiana: Filipinas cuenta con una de las costas más extensas del mundo y alberga algunos de los ecosistemas marinos más ricos, aunque también los más amenazados. Fue aquí donde ella y otros jóvenes activistas fundaron Save Philippine Seas (SPS), una organización que ha pasado de ser una iniciativa voluntaria a convertirse en un actor clave en la protección de las aguas filipinas.
SPS impulsa varias iniciativas regionales, como campañas educativas contra el comercio ilegal de aletas de tiburón y la creación de apoyo público para la conservación marina. Oposa es conocida por combinar el conocimiento ambiental con la presión ciudadana específica, trabajando con gobiernos locales, escuelas e iniciativas independientes. Su trabajo se basa en el diálogo: entre la ciencia y la comunidad, entre jóvenes y políticos, entre el conocimiento tradicional y la legislación moderna.
Entre sus proyectos más famosos se encuentra SEA Camp, un programa que ha capacitado a cientos de jóvenes líderes de todo el país en conservación marina, turismo sostenible y soluciones comunitarias. Anna no se centra solo en los tiburones, sino en el equilibrio ecológico general: protege manglares, praderas marinas, tortugas y corales. La frase "esto es un problema demasiado grande" no existe en su vocabulario; en cambio, utiliza datos precisos y la participación ciudadana. Informes oficiales del gobierno filipino indican que SPS ha desempeñado un papel importante en el establecimiento de santuarios de tiburones y rayas y en la creación de redes educativas regionales. Anna Oposa es una prueba más de que la conservación de los océanos no solo se realiza en laboratorios, sino que a menudo se da donde las comunidades locales y las jóvenes generaciones que se preocupan por el futuro de los océanos se unen.
Madison Stewart: Confrontación, cámaras y cambio legislativo
Originaria de Australia, Madison Stewart es uno de los rostros que encarna una nueva ola de activismo inquebrantable. A los catorce años, inspirada por su amor por los tiburones de la Gran Barrera de Coral, se dio cuenta de que la única manera de protegerlos era mediante el activismo directo y el cambio legislativo. En lugar de la comodidad académica, se lanzó a la primera línea, convirtiéndose en buceadora, cineasta y activista, utilizando la cámara como su principal herramienta. Su historia se filmó en el documental Shark Girl, y desde entonces su trabajo se ha centrado en documentar la pesca ilegal e insostenible en todo el Indo-Pacífico.
Un pilar fundamental de su trabajo es la organización Proyecto Hiu, fundada en la isla indonesia de Lombok. Allí, Stewart se centró en transformar las comunidades pesqueras que tradicionalmente se habían dedicado a la pesca de tiburones. En lugar de predicar la prohibición de la pesca, ofreció a los pescadores una alternativa económica: utilizó sus barcos y el conocimiento local en el marco del ecoturismo sostenible (turismo de tiburones). De este modo, los pescadores obtienen ingresos transportando turistas para que vean tiburones vivos.
De esta manera, Stewart ha demostrado que un tiburón vivo tiene un mayor valor económico para las comunidades locales a largo plazo que uno muerto, transformando activamente la economía local y su relación con el océano. Su trabajo documental y la constante recopilación de pruebas también han contribuido a respaldar medidas legislativas de protección en regiones de Indonesia y Micronesia. Madison Stewart demuestra así que el activismo de nueva generación se basa tanto en la valentía para afrontar los problemas como en el trabajo paciente con las comunidades y la búsqueda de soluciones económicamente sostenibles.
Cristina Zenato: Una relación basada en la confianza
Cristina Zenato creció en Italia con una idea simple pero fundamental: «No hay monstruos en el mar, solo los que creamos en nuestra mente». Cuando llegó a las Bahamas hace treinta años y se convirtió en instructora de buceo, mucha gente percibía a los tiburones a través del miedo, los mitos y el sensacionalismo. Pero durante sus inmersiones, Cristina vio una imagen diferente: animales que se comportaban de forma predecible, tranquila y con una lógica clara.
Comenzó a observarlos sistemáticamente: siguió sus trayectorias, reacciones a la presencia de buceadores, comportamiento alimentario e interacciones entre individuos. Lo que encontró en el agua no coincidía con lo que se sabía sobre los tiburones en tierra. Se formó una relación basada no en el dominio, sino en la confianza, y fue esto lo que finalmente definió toda su carrera.
El punto de inflexión llegó cuando notó que muchos tiburones tenían anzuelos clavados en la boca o las aletas. Decidió ayudar. Primero a un individuo, luego a otro, hasta que poco a poco se convirtió en la persona a la que los propios tiburones recurren cuando necesitan ayuda. Utilizando la técnica de inmovilidad tónica, logra calmar al animal y extraer con seguridad anzuelos metálicos profundamente incrustados. Su habilidad en el manejo de estos depredadores es legendaria.
Hasta la fecha, Cristina ha extraído aproximadamente 350 anzuelos de la boca de tiburones. Zenato también lucha por la protección de los tiburones y los océanos a través de su organización People of the Water. Su trabajo combina educación, activismo comunitario y protección directa; no es casualidad que se haya ganado el apodo de Madre de Tiburones. Hoy en día, Zenato es una de las figuras más respetadas en la ciencia y la conservación de los tiburones. A través de su trabajo, demuestra que el cambio más efectivo no es el miedo, sino la comprensión: "Un pequeño gesto es mejor que ninguno: cada una de nuestras acciones tiene un impacto en la vida de los demás, como olas que se extienden por la superficie".
Melissa Cristina Márquez: De los laboratorios a las escuelas
Melissa Cristina Márquez forma parte de una nueva generación de científicos marinos que combinan su experiencia académica con una visible participación pública. Nació en Puerto Rico, creció en México y posteriormente trabajó en Australia, tres países donde el océano es tanto una realidad cotidiana como una fuente de conocimiento. Su investigación se centra en los condrictios (tiburones y rayas) y sus interacciones ecológicas, comportamiento y respuestas al cambio ambiental.
Ha participado en proyectos de BBC Earth, colaborado con National Geographic y Discovery Channel, y divulga la ciencia regularmente en programas dedicados a la conservación de especies marinas en peligro de extinción. Márquez también analiza la relación entre la percepción pública de los tiburones y la forma en que los medios de comunicación los representan, un tema que ha presentado en artículos académicos y conferencias para profesionales. Su trabajo conecta la investigación científica, la educación y la comunicación de una manera esencial para la conservación de los océanos hoy en día.
También es la fundadora de The Fins United Initiative, un programa educativo que ofrece materiales educativos gratuitos para escuelas, familias y jóvenes. El proyecto destaca la diversidad de especies de tiburones y rayas y su importancia ecológica, a la vez que busca reducir el miedo y difundir información precisa entre los niños.
Melissa también es autora de la popular serie infantil Wild Survival!, que ha llegado a escuelas y bibliotecas estadounidenses y muestra a los jóvenes lectores el fascinante mundo de los depredadores marinos sin sensacionalismo ni miedo. En entrevistas, nos recuerda a menudo que si queremos criar una generación que proteja el océano, debemos brindarles información precisa desde una edad temprana. Su trabajo es un ejemplo de cómo una científica puede influir en la percepción pública sobre los tiburones, no solo en los laboratorios, sino también en las aulas del otro lado del mundo.
Maisy Fuller: Monitoreo sistemático de la población
Maisy Fuller fue investigadora principal del Proyecto de Conservación de Tiburones de Gili en Indonesia, uno de los programas comunitarios más activos enfocados en el monitoreo de tiburones de arrecife. Trabajó en una de las áreas más sensibles del mundo, alrededor de Lombok y las Islas Gili, donde confluyen la extrema presión pesquera, el rápido desarrollo turístico y la alta biodiversidad.
Maisy fue responsable del monitoreo sistemático de las poblaciones de tiburones de arrecife de puntas negras (Carcharhinus melanopterus) y tiburones de arrecife de puntas blancas (Triaenodon obesus), con su equipo utilizando métodos como BRUVS (Estaciones Remotas de Video Subacuático con Cebo, una cámara subacuática que se deja en un lugar con alimento en una jaula), transectos visuales y observaciones a largo plazo. Su trabajo incluyó el mapeo de sitios de descanso y estaciones de limpieza, que son cruciales para la salud de las poblaciones de arrecifes. Los resultados del monitoreo se convirtieron en la base de recomendaciones para los gobiernos locales y varias organizaciones que trabajan en el campo de la protección de reservas marinas.
Maisy también ha participado activamente en la educación comunitaria, un aspecto fundamental para el éxito de la conservación marina en Indonesia. Ha impartido talleres para pescadores locales y administradores de centros de buceo, explicando la importancia de unas poblaciones de tiburones saludables para la estabilidad de los arrecifes y la economía local.
También ha colaborado con la iniciativa WiseOceans, distribuyendo materiales educativos y comunicando resultados científicos al público. Su trabajo no tenía nada de heroico; era la realidad cotidiana del campo: medir, registrar, bucear en condiciones difíciles, hablar con la comunidad. Maisy es una conservacionista científica crucial para el futuro de los océanos, ya que combina datos precisos con la capacidad de tomar decisiones que impactan directamente en las poblaciones de tiburones en una de las zonas más explotadas del Indopacífico.
El trabajo de las "mujeres del océano" es diverso: algunas crean nuevos métodos científicos, otras construyen plataformas de datos, trabajan con comunidades, modifican la legislación o educan a la próxima generación. Lo que las une es su capacidad de ver el océano como un todo, no como un conjunto de problemas aislados. Gracias a ellas, disponemos de datos más precisos sobre las zonas de migración de los tiburones; comprendemos mejor qué ocurre en los ecosistemas costeros; creamos programas educativos que transforman el debate público; y aprendemos que la conservación marina no es una disciplina aislada, sino una colaboración de equipos científicos, comunidades e individuos.
Las historias de estas mujeres demuestran que el futuro del océano no se trata solo de grandes descubrimientos, sino también del trabajo de campo diario, la recopilación cuidadosa de datos, la defensa de los pacientes y la toma de decisiones basadas en hechos. Son las voces que contribuyen a que la salud de los océanos sea una prioridad global, no solo un problema marginal.




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